Espera

El presente, el ahora, el hiperplano de espacio-tiempo en el que menos sabemos estar. ¿Por qué muchos coinciden en que fueron más felices en su niñez? Tal vez porque las decisiones las tomaban otros, o porque cada momento, instante, segundo a segundo se vivía plenamente consciente.

Los paseos de quince minutos con ella, su suave piel y sus uñas largas al tomarme de la mano para no perderme; la leche calentita y la galleta en trocitos mientras veía mi serie animada favorita antes de irme a la cama; la colección de Barbies que nunca cuidé como mi mayor tesoro; los bailes improvisados; la mazamorra de maicena de la señora María. Recuerdo con amor. 

Continúo rebuscando en mi memoria, pero algo empieza a cambiar. De pronto me veo enfadada con mis tiempos presente en el pasado. Los recuerdos y las preocupaciones ahora solo me pertenecen a mí. Estar o ser es casi un estorbo, y pienso que lo es porque extraño, añoro, anhelo, deseo. Espero. Por favor, que alguien me devuelva a las veces que fui feliz. 

Esperar no es tan malo. No si lo haces abrazando tu presente. Tomó tiempo, pero aprendí a hacerlo cuando entendí que era lo único que tenía. Luego de muchas veces haberme detenido en el pasado para revolcarme en el dolor, o haber viajado en el futuro trayendo conmigo a la ansiedad.

Hoy estoy aquí, en mi lugar seguro, en mi casa, en mi base. Y en él me gusta esperar. Y elijo hacerlo, pero esta vez siéndole fiel al camino, confiando en él, sin arrepentimientos de lo que alguna vez fue y sin pararme de puntillas para ver lo que viene después.  Imagina mientras esperas. Imagina todo lo que puedas. Imagina y luego espera. 

Del lado de allá: El puente

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